Las arrugas y esos ojos por donde han brotado tantas lágrimas desde aquel golpe de Estado de 1976, que impactaría para siempre a Argentina, marcan el paso de una vida de resistencia y lucha, la misma que da a sus 92 años de edad por los 30 mil detenidos-desaparecidos en esos siete tristes años de la cruel dictadura.
El no poder ir a la plaza este 24 de marzo por segundo año consecutivo, en una fecha tan significativa como el aniversario 45 del golpe de Estado, es para ella y el colectivo de Madres de Plaza de Mayo -que dirige- algo muy duro, dice.
En entrevista exclusiva con Prensa Latina, la destacada activista y defensora de derechos humanos señaló que sus compañeras -hoy longevas de entre 90 y 96 años-, le preguntan siempre cuándo regresarán a la Plaza para realizar la tradicional vuelta a la Pirámide, como lo hicieron desde que comenzaron a reclamar por sus hijos.
Es muy duro no poder abrazarnos, sentimos mucho no poder estar allí, tenemos muchas ganas de volver y también a la casa de las Madres, pero esta pandemia ha transformado el mundo, subraya.
La vida de Hebe ha cambiado en este tiempo, impedida de estar presente físicamente en la sede de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, donde era costumbre verla, o en la ronda de todos los jueves, justo a las tres de la tarde, en el emblemático lugar donde comenzó la lucha por la desaparición de cientos de personas durante la dictadura.
Hoy, desde su casa, se las ingenia para seguir dando batalla. Convertí la cocina en la Plaza, aprendí un poco de tecnología y hacemos de manera virtual los jueves las rondas desde la cocina a través del Mateando con Hebe, relata.
Desde su hogar, además hace programas de radio. Cuenta que las Madres estuvieron todo el último año dando respuestas, tomando decisiones políticas, participando en todo lo que pasó en Latinoamérica. Eso para nosotros es muy fuerte porque significa darle presencia a nuestros hijos, enfatiza.
Tras señalar que la lucha de las Madres siempre es creativa, rememora a las tres compañeras que fueron asesinadas peleando por saber el paradero de sus hijos: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce.
Azucena decía que no hay nada mejor que el pueblo movilizado; Esther, que las plazas eran importantes para los pueblos, pero se debía armar algo sostenible, teatros, museos, bibliotecas, y eso se nos quedó grabado y tratamos de hacerlo.
Tenemos la Plaza que no la hemos dejado ningún jueves, donde realizamos grandes marchas, tenemos la universidad, una biblioteca enorme, un teatro, una radio. Así continuamos nuestra lucha. Hacemos de todo lo que amaban nuestros hijos, subraya Bonafini.
Esta imparable mujer manifiesta que las Madres están convencidas de que la lucha tiene que ser de todos los días, las horas y los minutos; no es solo un rato porque, hacer política no es una reunión en un comité, es desde que uno se levanta y comienza a pensar qué harás por el otro que me necesita, y en eso estamos las Madres, remarca.
Sobre las circunstancias actuales en la región, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo subraya que ahí está el presidente venezolano Nicolás Maduro a capa y espada sosteniendo el legado de Hugo Chávez ‘a pesar de todo lo que le hacen los yanquis, que son terribles’.
Evo Morales (el expresidente boliviano), dice, pudo volver porque los pueblos no olvidan. Lo que pasa en Ecuador y también con Luis Inacio Lula da Silva en Brasil. ‘América Latina está como resurgiendo’, subraya, aunque alerta que el enemigo siempre está y cada vez ataca peor y feroz, se reinventa.
‘El capitalismo es salvaje, no hay bueno y malo, así como lo llevan los yanquis es un capitalismo que mata. Latinoamérica resurge, en muchos lugares este año hay elecciones, va a ver ahora en Chile, vamos a ver qué pasa. Nosotros tratamos de apoyar en lo que podemos, de apoyar, de sentirnos cerca porque somos latinoamericanos, esta región sufriente’, reflexiona.
Admiradora de Cuba y su Revolución, Bonafini casi al terminar envía un abrazo enorme a ese pueblo maravilloso que siempre, dijo, nos da el ejemplo.
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