Conocida como la Atenas de Cuba desde el siglo XIX, la urbe se asienta sobre suaves colinas a la vera de la bahía de igual nombre, y enmarcada dentro del majestuoso valle del Yumurí, cuyo río homónimo es una de las tres corrientes fluviales de su geografía.
Esta ubicación posibilita que la villa, fundada el 12 de octubre de 1693, pueda brindar a lugareños y visitantes sitios desde donde se admiran estos atributos concedidos por la naturaleza, que invitan al sosiego y constituyen una forma de dar breve reposo a los trajines y azares de la vida moderna.
Una de estas emblemáticas locaciones, muy demandada por los matanceros, es Monserrate, en las alturas de la barriada de Simpson, lugar que acumula una extensa hoja de ilustres visitantes extranjeros, como el príncipe Alexander I de Rusia.
Cuentan que este, extasiado frente a la belleza de los paisajes, exclamó eufórico a sus acompañantes: “Para ser el paraíso, solo faltan Adán y Eva”.
Rendía de esta forma ingenioso tributo a un promontorio que, desde el siglo XIX, exhibe la Ermita de Monserrate, considerada vigilante incansable de la también conocida como “ciudad de los puentes”, centro patrimonial e identificativo de la huella española.
HISTORIA, CULTURA Y TRADICIÓN
La ermita es una construcción de estilo neoclásico, calificada por los entendidos como una verdadera joya de la arquitectura colonial cubana y ejemplo de los oratorios españoles decimonónicos.
“La idea surgió a partir de las diferentes romerías que acostumbraban realizar hasta estas elevaciones los catalanes radicados en Matanzas. Con el paso del tiempo se fueron sumando naturales de otras regiones españolas radicados aquí, e incluso en otras provincias cubanas, aseguró a Prisma la máster en Ciencias Milvia Rivero, directora del centro cultural Ermita de Monserrate.
Esas verbenas con cantares y décimas impregnaban mucha nostalgia, lo que, unido a la similitud de estos terrenos con los montes de Monserrat, en Barcelona —donde está enclavado el monasterio en tributo a esa virgen, patrona de Cataluña—, gestaron la idea de la edificación en suelo matancero, refirió.
Según Rivero, los pasos iniciales se dieron en 1872 con la colocación de la primera piedra, y en 1875 se inaugura el templo con una gran colla, festejo donde algarabía y jolgorio incorporan componentes religiosos y populares.
La especialista precisó que, tras un minucioso proceso de rescate y restauración financiado por el Estado cubano, con el protagonismo del arquitecto local Ramón Recondo y a manera de memorial de la huella española, desde hace doce años la Ermita de Monserrate reabrió sus puertas y funciona como un centro cultural.
“Se trata de un proyecto de rescate de tradiciones, donde confluyen hermanamientos en total armonía con la política cultural del país. Trabajamos en nuestra programación con todas las artes, se realizan servicios religiosos y brindamos la oportunidad de conocer el sitio mediante un trabajo hacia el mundo con turoperadores y agencias de viajes radicados en la nación”, enfatizó.
Esta joya de Matanzas aspira a la excelencia, bajo la premisa de seguir siendo un proyecto de rescate de tradiciones de la huella española reconocido por diversas instituciones nacionales.
Reza un plegable que reciben los viajeros cuando llegan a su puerta: “Un viaje en el tiempo y un reencuentro con las fuentes de la matanceridad”.
(Tomado de Prisma)
















