‘Han pasado 300 días desde mi dimisión y Líbano sigue en un túnel cada vez más oscuro y cuando aparece un rayo en el horizonte se apaga por cálculos que obvian el destino de la nación’, declaró.
Los libaneses están agotados y cansados de buscar alimentos, medicinas o gasolina, agregó, y los ataca una subida de precios que supera sus capacidades e ingresos.
La difícil situación, explicó, se debe a la acumulación de errores y ahora enfrentamos la posibilidad de un colapso que resultaría entre los 10 peores desde mediados del siglo XIX, según el Banco Mundial.
En esa debacle las víctimas serán los libaneses, en tanto que los responsables políticos no pasarán por el mismo calvario y todavía más, encontrarán fórmulas para presentarse como salvadores.
El colapso tendrá repercusiones muy graves hacia lo interno y más allá, apuntó.
‘No quiero acusar a nadie, porque el escenario requiere el mayor grado de contención posible a manera de aliviar el dolor de una caída en caso de que ocurra.
Por esos motivos, convoco a las fuerzas políticas para que cedan en sus posturas y se pueda mitigar el sufrimiento de los libaneses con vistas a detener la catástrofe anunciada, apostilló.
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