Ni en sueños nadie imaginó alguna vez que ese y otros centros culturales asentados en la avenida Corrientes, la Broadway de América, serviría como posta médica para llevar adelante la vacunación más grande de la historia de Argentina.
Una vacuna abre la esperanza cada día para cientos de capitalinos que en el Teatro San Martín y otros lugares acuden a inocularse con las dosis antiCovid-19 que enrumba el camino para estar un poco más protegidos de un virus que trastocó para siempre al planeta.

Con una camisola verde y la letra de ‘organizador’, uno de los tantos que trabajan en este programa de vacunación nacional contra la pandemia me recibe con una sonrisa de oreja a oreja: estas empadronada (registrada). Si, le contesto y me hace pasar.
Adentro, otras dos personas de manera intercalada me conducen hasta donde toman los datos. El encargado de esta tarea anuncia: hoy se te aplicará la primera dosis de Sputnik V.
Después de unos segundos en el cual tu corazón palpita más de lo normal, llega el momento que muchos han esperado. Una señora con acento muy distinto al porteño me recibe y entabla una jovial conversación donde indaga, con voz cálida, de todo respecto a tu salud.
¿Eres alérgica? ¿Tuviste Covid-19 o fuiste contacto estrecho? ¿Padeces de alguna enfermedad? Y un largo etcétera de preguntas mientras va anotando en el ‘carnet único de vacunación contra el SARS-Cov-2’, que más tarde muchos suelen exhibir con orgullo en las redes sociales.
No tienes acento porteño, le digo para relajar. Soy de la provincia de Salta, contesta amable la señora de bata azul, una de las que aplican la ‘dosis de la esperanza’ en los 14 cubículos de vacunación instalados en el Teatro. Con gran gentileza, la señora, de unos 50 y tantos años, intenta que todo fluya tranquilo. Llega el momento, el corazón late más, hasta sentir el ardor característico en el brazo.
Gracias por formar parte de este gran trabajo junto a todos los que hacen posible este momento significativo en Argentina, le digo.
Sonríe y me desea la mejor de las suertes, no sin antes recordarme sobre dónde acudir para cualquier síntoma, si aparece. Luego pasan 15 minutos más en el lugar de observación para constatar la evolución del cuerpo. Por último, se registra la vacuna, el lote y se te habilita para la segunda dosis.

Se trata de uno de los 36 centros habilitados en la ciudad, entre ellos varios emblemáticos como La Rural, sede tradicional de las ferias del libro y de turismo, o en el Centro Cultural Kirchner, donde incluso varios músicos ejecutan temas en vivo mientras aguardas turno.
Vacunadores, personal administrativo, logístico, de seguridad, promotores de salud y otras muchas caras ocultas hacen posible avanzar cada día en Argentina en este programa que hoy llegó al 55 por ciento de los adultos inmunizados.
Como también lo hacen desde hace un año y medio cientos de médicos, enfermeros, miembros de la fuerza de seguridad, cada uno poniendo el pecho en la lucha contra la pandemia.
Aún falta mucho, pero la esperanza renace en un país cuyo cronograma de vacunación avanza ya al ritmo de 370 mil aplicaciones diarias y se sitúa en el puesto 20 a nivel mundial, de acuerdo con un informe de Our World in Data de la Universidad de Oxford.
Un paso más hacia esa esperanza de poder salir poco a poco de una pandemia que en esta nación austral ha dejado lamentablemente casi 97 mil 500 víctimas fatales.
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