“Apoyo la unidad de los musulmanes, porque cualquier otra postura conducirá a la desintegración de El Líbano”, dijo.
Este sábado, la nación de los cedros fue testigo de violentos enfrentamientos que comenzaron por demandas políticas y luego pasaron a choques religiosos que recordaron las confrontaciones como resultado de las cuales sobrevino la guerra civil de 1975-1990.
“Los jefes reconocen las sensibilidades de cada secta y creo que lo evidenciaron en sus posteriores declaraciones”, apuntó.
Hariri denunció la presencia de infiltrados que quieren derramamientos de sangre y caos en el país.
La máxima autoridad sunita, Dar al-Fatwa, emitió un comunicado en el cual advirtió sobre las intenciones de convertir la manifestación pacífica en una reyerta violenta.
El Consejo Superior Islámico demandó una investigación transparente para rendir cuentas y castigar a los vándalos que destrozaron propiedades e insultaron figuras sagradas.
Mientras, las facciones políticas cristianas Fuerzas Libanesas y Partido Kataeb, cuyos seguidores estuvieron en las manifestaciones, continuaron sus reclamos de elecciones anticipadas.
“No creo en la violencia”, dijo el jefe de Kataeb, Sami Gemayel, al explicar que con comicios adelantados se inicia el primer paso hacia el cambio.
La convocatoria a ese ejercicio comicial formaba parte de las exigencias del levantamiento popular iniciado en octubre pasado.
Empero, luego otros demandaron que se aprobara una ley electoral y cambios estructurales más amplios que aseguraran las necesidades socioeconómicas de la población.
El tema de las elecciones anticipadas formó parte de los lemas de la manifestación del sábado, aunque en el contexto de la multitud otros activistas exigieron el desarme del ala militar de Hizbulah.
Esas últimas demandas se consideraban sospechosas porque salieron de pronto y no estaban dentro de la agenda de los protestantes.
Gemayel negó que Kataeb estuviera detrás del llamamiento del desarme del Partido de Dios y también consideró improbable la aprobación de otra ley electoral.
“El Parlamento no aprobará una ley electoral contra sí mismo, y si aprueba una ley, será peor que la actual”, subrayó.
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