El punto de ignición lo produjo la depreciación de más 85 por ciento de la libra libanesa respecto al dólar estadounidense con una cotización de 10 mil por unidad cuando la tarifa oficial sigue fijada en mil 500.
De repente, los sueldos no valían nada a causa de que los comerciantes salvan sus intereses al transferir esos valores a sus artículos.
En casi todo el país, los manifestantes incendiaron neumáticos y colocaron obstáculos en las principales avenidas, sobre todo en esta capital que solo mediante la guía de gendarmes pudo mantener el tráfico.
Fotografías y videos de las protestas comenzaron a ser virales en las redes sociales bajo la etiqueta ‘El Líbano No Está Bien’.
Con la peor crisis económica y financiera en décadas, el país del Mediterráneo oriental vive una intensificación que agudizó una explosión en el puerto y la pandemia de la Covid-19.
La detonación en la terminal portuaria capitalina dejó un saldo de unos 200 muertos, miles de heridos y pérdidas calculadas en varios miles de millones de dólares.
Mientras, el nuevo coronavirus obligó al cierre de todas las actividades económicas por semanas o meses y ante un creciente número de infecciones, las autoridades temen abrir del todo.
En cuanto a la generación energética, la compañía de electricidad apenas garantiza cuatro horas de servicio a la población que ahora depende como nunca de generadores alternativos, cuyos dueños elevaron, sin explicación alguna, sus tarifas en casi 30 por ciento.
Tampoco hay un Gobierno efectivo desde agosto de 2020 y el primer ministro designado para reinstalarlo, Saad Hariri, no halla alternativa ante el rechazo del presidente Michel Aoun.
Ambas figuras difieren en el número y la distribución de cargos para una alineación gubernamental propuesta por Hariri de 18 Ministerios que ocuparían personas ajenas a los partidos políticos.
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