La gota que colmó la copa resultó la depreciación de la libra libanesa que en el mercado paralelo cotizaba a razón de 10 mil unidades por un dólar estadounidense, mientras la tasa oficial sigue en mil 500 por uno.
Miles de ciudadanos salieron a las calles en varias ciudades ante una situación cambiaria que convierte en casi nada sus salarios, en tanto que los comerciantes transfieren esa diferencia a sus clientes.
De tal panorama culpan a la elite política gobernante que durante décadas acumuló riquezas por la corrupción, saqueo y mala gobernanza. En Sidón manifestantes enojados bloquearon la carretera que une a Beirut con el sur del país.
Uno de los participantes, Ali, carpintero en ese centro urbano, declaró que cerró su negocio y ahora no encuentra forma de alimentar a su familia.
‘¿Cómo puedo alimentar a mi familia ahora? Me veo obligado a pedir dinero’, dijo.
La sublevación popular en Sidón permitió que camiones con pan y gasolina cruzaran las carreteras bloqueadas.
‘Hay personas pobres como nosotros que necesitan pan y que pronto ni lo podrán pagar. áEsos políticos nos llevaron de regreso a la edad de piedra!’, apuntó Ali.
Otro manifestante, Mahmoud Abu Soltaniyeh, de 54 años de edad, expresó, ‘recojo chatarra y usted, presidente, nos coloca ante tres posibilidades: nos morimos de hambre, robamos para vivir o empujamos a nuestras esposas a la prostitución’.
Los políticos libaneses prometen estabilizar la moneda nacional, pero sus declaraciones cayeron en oídos sordos de una población agotada por las mentiras y tras un deterioro económico que llevó el salario mínimo de 450 a 68 dólares estadounidenses.
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