De Soto, personaje emblemático del neoliberalismo, tiene sin embargo experiencia política, pues asesoró al exgobernante Alberto Fujimori, hoy preso por crímenes de lesa humanidad y corrupción, en la implantación del modelo económico neoliberal.
También fue consejero de Fuijimori para obtener legitimidad internacional tras el autogolpe de Estado de 1992, cuando el entonces gobernante disolvió el Parlamento e intervino el Poder Judicial, con apoyo militar.
Ha sido funcionario internacional y financiero y se jacta de haber asesorado a gobernantes de diversos países y de ser amigo de grandes personalidades mundiales, lo que, según dice, dará reditos al Perú en materia de cooperación internacional, si fuera elegido.
Sus vínculos con el fujimorismo lo hicieron participar en las campañas electorales de Keiko Fujimori, hija del exgobernante, fracasadas en 2011 y 2016, y apoyó al último gobierno del neoliberal Alan García (2006-11) en la negociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos.
Sin haber construido un partido para sus afanes electorales, usa como una franquicia o ‘vientre de alquiler’ el nombre del pequeño partido ‘Avanza País’, cuyo nombre ni siquiera recordaba cuando presentó su postulación a la prensa.
Predica el llamado ‘capitalismo popular’ y promete, en líneas generales, ‘poner en valor, consistente, en líneas generales, en formalizar el patrimonio de todos los peruanos.
De esa manera, viviendas precarias, terrenos, tierras comunales u otras propiedades, se convertirían en bienes transables y garantías crediticias que permitan a los dueños obtener crédito para emprendimientos, algo que muchos economistas consideran perverso, quimérico y demagógico.
Plantea traer prácticas norteamericanas para resolver el problema de la inseguridad ciudadana y, ante la perspectiva de dificultades de gobernabilidad que tendrá por su debilidad parlamentaria quien gane la presidencia, dice que, de ser él, prescindirá del Legislativo para gobernar por decretos.
Sus constantes afirmaciones ajenas a la verdad, jactancia de mostrar méritos que en varios casos han sido desmentidos -como el de haber sido dos veces finalista del premio Nobel de Economía- arrogancia y falta de respeto a varios entrevistadores, debilitaron seriamente su opción electoral, aunque las encuestas lo mantienen como aspirante al balotaje.
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