La suspensión de esas partidas para productos básicos hundirá más a los libaneses hacia debajo del umbral de la pobreza que al día de hoy se estima alcanzó a la mitad de la población.
Los analistas calculan que, al desaparecer las subvenciones, la inflación escalará a 250 por ciento respecto a los precios de 2019.
De tal manera que se aproximan repercusiones de imprevisibles consecuencias con millones de personas desamparadas y airadas contra la elite política gobernante, a la cual achacan la actual situación.
Líbano enfrenta la peor crisis económica y financiera desde el fin de la guerra civil 1975-1990 y no se ve luz al final del túnel por la ausencia de un gobierno que asuma la tarea de esquivar el anunciado colapso.
Desde el 10 de agosto de 2020, no hay un gabinete que controle la corrupción, el saqueo y mala gobernanza, los flagelos responsables de una deuda externa equivalente a más de 170 por ciento del producto interno bruto.
La televisora local MTV adelantó que Líbano enfrentará un gran desafío, no en el nivel de terrorismo, sino de protección social y seguridad.
Basado en una fuente de alto nivel que no identificó, el canal indicó que al quitar los subsidios aumentará la carga sobre los libaneses, en el especial en aquellos mucho menos favorecidos que recurrirán, vaticinó, a la ilegalidad y la violencia.
En previsión de ese momento, la televisora confirmó que los aparatos de seguridad iniciaron un seguimiento y análisis de cómo limitar esa temida repercusión.
MTV también reprodujo declaraciones de otra figura importante que prefirió el anonimato, la cual prevé un socavamiento de la seguridad, sobre todo en áreas donde la tasa delictiva y la pobreza son altas.
Y mientras tanto, la posibilidad de instalar una alineación gubernamental parece muy lejana con las diferencias de los encargados de nominarla.
El presidente Michel Aoun y el primer ministro designado, Saad Hariri, mantienen posiciones encontradas sobre la distribución de los cargos ministeriales que, según la Constitución, deben mantener un equilibrio entre islámicos y cristianos.
En cualquier caso, ese enfrentamiento anda de espaldas a que la mitad de los seis millones de libaneses depende de los subsidios y el Banco Central los eliminará para evitar un agotamiento de la reserva en divisas del país.
Con anterioridad, el gobernador de la institución, Riad Salameh, anunció que hasta este mes es posible mantener esa protección sobre el trigo, el combustible y los medicamentos y después solo Dios puede apiadarse de nosotros, dijo.
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