El presidente Michel Aoun demandó del Ejército medidas para restablecer la calma en la localidad de Khalde, donde ocurrió el incidente.
Aoun también pidió el arresto de los tiradores, el retiro de los pistoleros de las calles y asegurar el movimiento de los ciudadanos.
A juicio del jefe del Estado libanés, las circunstancias actuales no permiten violación alguna de la seguridad o de prácticas que lleven a la sedición.
Mientras, el primer ministro interino Hassan Diab contactó con el jefe del partido Corriente Futura, Saad Hariri, los titulares interinos de Defensa e Interior, Zeina Akar y Mohammed Fahmi, así como con el jefe del Ejército, Joseph Aoun, y dirigentes de Hizbulah.
En todos los casos, Diab llamó a contener cualquier brote de violencia, en previsión de que sus consecuencias deriven hacia un estallido civil.
El primer ministro designado Najib Miqati dialogó con el jefe del Ejército, quien aseveró que los militares reforzaron su presencia en la zona.
Una declaración de Hizbulah describió lo sucedido como una emboscada dirigida contra los dolientes de Ali Chebli que en medio de una caravana fúnebre sufrieron un ataque con ametralladoras y lanzacohetes RPG-7.
jcm/arc
















