Las Fuerzas Armadas libanesas intentan detener un mayor derramamiento de sangre en la localidad de Khalde, donde ocurrió el ataque, ante históricas tensiones entre musulmanes chiitas y sunitas que pueden ir a más.
Hizbulah advirtió sobre las consecuencias de no apresar a los atacantes.
El ataque tuvo como objetivo el funeral Ali Chebli, del Partido de Dios, muerto a tiros un día antes.
Las tribus árabes sunitas se atribuyeron la responsabilidad de la acción, en venganza por el asesinato de uno de sus miembros el año pasado en la localidad, según propalaron en un comunicado.
Los militares acometieron una redada y detuvieron a dos presuntos culpables del ataque durante el cual dispararon con ametralladoras y lanzacohetes RPG-7 desde lugares cubiertos.
La dirigencia de Hizbulah declaró que intenta calmar a sus seguidores, pero no es posible controlar a todos los enojados por el ataque al cual describieron de emboscada.
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