Tras análisis de cámaras y escuchar a testigos, los servicios de seguridad llevaron a cabo una redada que derivó en la captura de individuos sospechosos de participar en la emboscada.
El juez interino Fadi Akiki supervisó las operaciones y demandó de las fuerzas correspondientes acudir a todos los recursos para encarcelar a los culpables.
Akiki recabó de la Seguridad del Estado, la policía y de la Seguridad Interna una revisión exhaustiva de las imágenes captadas por cámaras de vigilancia y de información de Inteligencia para detener a los culpables.
El pasado jueves, francotiradores dispararon contra una marcha organizada por el movimiento Amal e Hizbulah que pedía la sustitución del juez encargado de la pesquisa de la explosión en el puerto el año pasado.
Como resultado de esa emboscada, murieron siete personas, recibieron heridas varias decenas y el Ejército cerró la zona con vehículos pesados y efectivos armados.
Durante varias horas se registró un intercambio de fuego que convirtió el área en un campo de guerra semejante a las batallas citadinas del conflicto civil de 1975-1990.
A juicio de los observadores, el objetivo de ese ataque mortífero contemplaba un regreso de los fantasmas de la rivalidad sectaria confesional aún latentes en la sociedad libanesa.
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