El presidente del consejo político Hizbulah al Nubaya, Ali al-Asadi, opinó inadmisible que, al momento del ataque, estuviera desactivado el sistema antiaéreo bajo control de militares norteamericanos.
Esa herramienta de protección cubre toda la Zona Verde capitalina, donde radica la residencia de al-Kazemi, la embajada de Washington, varias misiones diplomáticas y oficinas estatales.
“Todas las pruebas y señales indican que la embajada estadounidense está involucrada en el incidente”, denunció al-Asadi.
Si se comprueba la responsabilidad norteamericana en el ataque, dijo, debían expulsar a su embajador.
El Comando de Operaciones Conjuntas de Iraq pidió explicaciones al Pentágono sobre la inactividad del sistema de defensa antiaérea en el momento del bombardeo con drones contra la residencia de al-Kazemi.
Una ola de condenas y repudio siguió al intento de magnicidio que algunas voces tachan de maniobra para desviar la atención sobre los crímenes de Estados Unidos y sus aliados en territorio iraquí.
Tres drones atacaron el recinto del primer ministro, uno solo de ellos impactó el inmueble y causó heridas a varios custodios y al-Kazemi salió ileso.
La acción ocurrió unas horas después que agentes de seguridad reprimieran en esta capital a manifestantes que protestaban por los resultados de las elecciones parlamentarias celebradas el 10 de octubre pasado con saldo de dos muertos y decenas de heridos.
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