En un contexto marcado por el riesgo creciente de recesión en la eurozona y un aumento de los costes de los préstamos, la autoridad financiera dijo que observará de cerca los bancos expuestos a los sectores más vulnerables, entre ellos la energía y el comercio energético.
El BCE, que supervisa más de 100 grandes bancos en Europa, prestará atención además a las hipotecas residenciales y las inmobiliarias comerciales ya que “la subida de los tipos de interés y unas perspectivas de crecimiento lento o posiblemente recesivo pueden poner a prueba la capacidad de servicio de la deuda de los prestatarios en el futuro».
Según el informe de prioridades para el año próximo divulgado este lunes, una reciente revisión supervisora confirmó deficiencias en los controles de riesgo de las entidades de crédito, en particular en el seguimiento de los préstamos, la clasificación de los prestatarios en dificultades y la dotación de provisiones.
Por tanto, las entidades de crédito son vulnerables “a una corrección brusca en algunos mercados inmobiliarios, especialmente en el segmento residencial, dada la dinámica de precios observada en los últimos años», dijo.
En función de ello, el BCE llevará a cabo revisiones más específicas de las entidades bancarias con el fin de fomentar el reconocimiento «justo y oportuno» de las pérdidas crediticias esperadas mediante mayores provisiones.
Por otra parte, es probable que el repunte de los tipos de interés y el aumento de los costes de construcción afecten negativamente al mercado inmobiliario comercial, especialmente al sector de oficinas, agregó el texto.
Además, el BCE vigilará cómo gestionan los bancos el aumento de los costes de los préstamos.
Estas entidades tomaron prestados más de dos billones de euros (2,11 billones de dólares) en financiamiento plurianual ultrabarata, pero ahora se está poniendo fin a ese mecanismo y las entidades bancarias, que han devuelto 800 mil millones de euros en efectivo del banco central, tienen que volver a la financiación de mercado.
Según el informe, este retorno puede ser más complicado, ya que los costes aumentan y el apetito por el riesgo de los inversores disminuye, “lo que probablemente reducirá la rentabilidad de los bancos y pondrá a prueba su capacidad para mantener niveles sólidos de liquidez y financiación”.
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