‘Es un soporte de sus sueños, de los resultados de su trabajo y por tanto el libro como tal va a seguir más allá de su formato sea papel impreso o digital. Nos tenemos que adaptar lectores e instituciones’, comentó el joven autor a Prensa Latina.
Céspedes, multipremiado en certámenes literarios y periodísticos nacionales y foráneos, consideró que como en otros campos del arte y del saber la digitalización ha modificado el quehacer diario en general, ‘pero todo ha seguido avanzando’.
‘Nada sustituye a un ejemplar por sus propiedades de poder tocarlo, verlo, sentir sus páginas, relacionarte con él, lograr coleccionarlo, pero el libo digital tiene enormes ventajas para su almacenamiento, manera de compartirse o de leerse que puede ser más cómoda’, argumentó.
Estoy viéndolo –dijo- desde las dos perspectivas como escritor y editor, debemos adaptarnos a las nuevas circunstancias y en estos tiempos duros de pandemia es un compañero de nuestras vidas.
Céspedes expuso estas reflexiones tras asistir al cierre de la Jornada en la occidental provincia de Matanzas para celebrar el día del Libro cubano este 31 de marzo, fecha de creación de la Imprenta Nacional de Cuba en 1959.
El Museo Palacio de Junco de esta tricentenaria urbe fue el espacio anfitrión de la ceremonia, en la cual quedó inaugurada la exposición El arte de escribir, con las palabras centrales a cargo del investigador e historiador Urbano Martínez Carmenate.
También Ediciones Matanzas presentó tres novedades literarias: Oráculo en bandeja de aluminio, poemario de Rolando Estévez; Fernando Lles y el grupo Minorista de Matanzas, ensayo de Mario Valdés Navia, y Matanzas y otros pre-textos, de Mireya Cabrera.
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