En una rara conferencia de prensa frente a su casa en la ciudad de Nayaf, 160 kilómetros al sur de aquí, Sadr anticipó un desastre si vuelven a retrasarse los comicios.
Esa demanda es una de las principales de una sublevación popular que estalló en octubre de 2019.
Al asumir la jefatura del Gobierno en julio pasado, el primer ministro Mustafá al-Kazemi aseguró que el ejercicio comicial se desarrollaría en junio venidero.
Sin embargo, razones técnicas y el desinterés de partidos y facciones derivaron en un aplazamiento de la consulta para octubre próximo.
Con una máscara quirúrgica y su túnica clerical tradicional, Sadr advirtió que otro retraso sería un desastre y una posibilidad para que los políticos manipularan la votación.
‘No quiero fraude. Por eso pido la intervención y supervisión de la ONU’, apuntó el prelado.
Las elecciones se desarrollarán bajo una ley que redujo el tamaño de los distritos y eliminó la votación por listas para favorecer a candidatos individuales.
Según predicciones, los partidarios de Sadr obtendrán importantes avances con ese sistema mediante el cual pudieran incluso conquistar el cargo de primer ministro.
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