Los manifestantes arrojaron piedras e intentaron quitar barricadas de protección en el Parlamento y las fuerzas de seguridad recurrieron a cañonazos de agua y bombas de gas lacrimógeno para impedirlo.
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Melodías tristes sonaron este miércoles en el centro de Beirut, mientras una concentración de indignados demandaba procesar a los culpables.
Sandra Abras, de 43 años de edad, sobrevivió a la metralla y onda expansiva del estallido, pero su casa quedó devastada.
‘No pudimos regresar a casa durante mes y medio y la arreglamos con recursos propios’, dijo en declaraciones a la televisión.
Otro de los asistentes, Wafaa Karam, de 37 años de edad, perdió a su hermano, un sobrino y un primo que eran bomberos y trataron de sofocar un incendio en uno de los almacenes del puerto.
‘Queremos la verdad’, resumió.
La conmoción inicial por el desastre ahora es ira que aumenta a medida de la impunidad de quienes estiman responsables.
Los funcionarios de seguridad, el gobierno, la aduana, todos sabían de la existencia de las dos mil 725 toneladas de nitrato de amonio que causaron el desastre, precisó Jeffry Chartouni, un trabajador del puerto, quien quiere justicia para sus siete colegas muertos.
‘Deben rendir cuentas, desde lo más alto de la escalera hasta el peldaño más bajo’, subrayó.
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