Durante las últimas semanas, la compañía estatal de electricidad, Electricite du Liban, solo tributó dos o tres horas de energía al día y advirtió que reducirá aún más la generación.
La escasez también afectó a los dueños de generadores privados que subieron sus tarifas, de por si altas, a más de 200 por ciento, y aun así apenas garantizan cuatro o cinco horas diarias de energía.
‘En los últimos tres días no puedo encontrar combustible ni en el mercado negro ni en el blanco’, declaró Metri Flouti, quien administra ese servicio para edificios en el exclusivo barrio capitalino de Ashrafieh.
El jefe del Sindicato de Panaderías, Ali Ibrahim, apuntó que algunos establecimientos cerraron sus puertas esta semana por falta de energía.
‘Es la comida de la gente, no se puede jugar con ella’, dijo.
Mientras, el jefe del gremio de hospitales privados, Suleiman Haroun, precisó que solo unos pocos nosocomios pueden mantenerse en funcionamiento por carecer de combustible, medicamentos y personal.
Souad Aki, gerente general de Alfa Laboratories, que produce solución salina y otros productos médicos esenciales, reveló que su fábrica cerró por primera vez en casi 50 años.
mem/arc
















