El combustible lo confiscó el Ejército, tras una operación destinada a terminar con el contrabando, una de las razones por las cuales hay una notoria escasez en el país.
Los militares repartían gasolina a los residentes cuando ocurrió la detonación, cuya onda expansiva impactó a unas 200 personas.
Según el ministro interino de Salud, Hamad Hasan, los peores casos de quemaduras necesitarán tratamiento especializado en el extranjero.
‘Necesitamos ayuda urgente para evacuar algunos heridos hacia el exterior, pues los daños en algunos superan la capacidad de los hospitales libaneses’, dijo.
Soldados y agentes de seguridad se cuentan entre las víctimas, indicó un comunicado de los mandos castrenses que ordenaron una investigación.
La masacre de Akkar no es diferente a la del puerto (de Beirut), expresó el ex primer ministro Saad al-Hariri en un mensaje por las redes sociales.
‘Estamos hartos. La vida de los libaneses y su seguridad es la máxima prioridad, agregó, al tiempo que demandó la renuncia de las autoridades, incluido el presidente Michel Aoun.
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