El país mesopotámico emerge de dos décadas de guerra desde una invasión en 2003 y luego ocupación liderada por Estados Unidos que incumplió con sus promesas de traer libertad y democracia.
Aunque el venidero ejercicio comicial está en su apogeo, no se esperan cambios mediante las urnas, a causa de que los ciudadanos consideran a los contendientes parte de una casta política inepta y corrupta, destacó la agencia Rudaw news.
Muchos experimentan esa sensación, según el medio informativo, y hay pronósticos de que la votación sea menor a la del ejercicio de 2018, cuando solo participó 44,5 por ciento de las personas con derecho a sufragar.
Un adelanto de lo previsto ocurre hoy en plazas públicas de Iraq y en las principales avenidas con la indiferencia de los transeúntes hacia pancartas de candidatos y la baja asistencia a mítines dirigidos por notables locales y jefes tribales.
En general, la próxima consulta no ocupa el centro de los temas ante una intensa crisis económica agravada por los bajos precios del petróleo y la pandemia de la Covid-19.
Las elecciones estaban programadas en 2022, pero el primer ministro Mustafa al-Kazemi las adelantó para junio y luego las aplazó hasta octubre.
Al-Kazemi escuchó las demandas de un movimiento masivo de protesta que estalló en el otoño de 2019 contra la corrupción, el desempleo y el deterioro de los servicios públicos.
Casi 25 millones de iraquíes tienen derecho a votar para elegir a 329 legisladores dentro de una candidatura de tres mil 429 candidatos en 83 distritos.
La Comisión Electoral Independiente impuso una cuota de 25 por ciento para mujeres y nueve escaños a minorías y etnias.
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